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Boletín SEF

Año 10- Vol. 4

PSICONEUROENDOCRINOLOGIA DE LA INFERTILIDAD

Daniel M. Campagne Ph.D., LL.D. , psicólogo.
Clínica Bella Médica,
Partida Cap Negret, 17
03590 Altea (Alicante) - España.
platon@ctv.es - www.clinicabellamedica.com


La psiconeuroendocrinología.
Dice Sandín, que " existe suficiente evidencia de que los estímulos y procesos psicológicos (...) puedan actuar sobre la actividad hormonal y modificarla sustancialmente " (1 p.13). ¿Cómo de "sustancial" es este cambio? Las investigaciones no sólo muestran que los niveles pueden caer fuera del rango normal, sino que en algunos casos puede producirse la práctica desaparición de ciertas sustancias por la acción del estrés. Estos cambios drásticos no son locales, sino que se difunden por todo el sistema endocrino y por todo el sistema nervioso. El sistema endocrino difuso incluye la adenohipófisis, el intestino, los pulmones, el páncreas y otros órganos, además del sistema nervioso. Incluye células de la médula suprarrenal, las neuronas de los ganglios simpáticos, los núcleos hipotalámicos, la glándula pineal, las paratiroides y la placenta. Las hormonas neuronales pueden actuar como moduladores o neurotransmisores, o como hormonas circulantes. Las hormonas pueden activar, inhibir, o producir cambios estructurales sobre las estructuras nerviosas.
Con todo esto, se pone de manifiesto que cualquier efecto hormonal puede tener consecuencias directas e indirectas sobre una multitud de órganos, funciones, actitudes y emociones.

La endocrinopatía, o alteración grave de los niveles de una o más hormonas o sustancias relacionadas, puede inducir una psicosis. El exceso de glucocorticoides puede producir el síndrome de Cushing, y el déficit de las mismas sustancias puede producir la enfermedad de Addison. En ambos casos se produce una psicosis depresiva de tipo melancólico.
El exceso de hormonas tiroideas produce psicosis en la enfermedad de Basedow o la enfermedad de Graves, mientras el déficit de ellas lo hace en el mixedema. No toda consecuencia de una alteración endocrina necesita ser una psicosis, sino que existe un continuo de efectos psicológicos desde temporales y livianos hasta crónicos y graves.
Los síntomas psicológicos por disfunciones hormonales se generan por 3 tipos de mecanismos:
1 - lesiones o alteraciones en el hipotálamo, la hipófisis o el córtex prefrontal.
2 - la acción de las hormonas sobre los receptores específicos del cerebro.
3 - la alteración metabólica periférica.
Esta última puede afectar al funcionamiento del sistema nervioso de varias formas. La insulina y el glucógeno afectan a la disponibilidad de glucosa; la falta de hormonas tiroideas enlentecen al metabolismo general; las hormonas paratiroideas afectan a la disponibilidad de calcio, etcétera. En cuanto a la infertilidad y la sexualidad en general, podemos indicar los siguientes síntomas y signos físicos, asociados a las principales endocrinopatías y con posible influencia sobre la fertilidad (véase una lista más elaborada en Sandín (1, pp. 67-70)
1. Hipertiroidismo: fatigabilidad muscular.
2. Hipotiroidismo: calambres musculares, menorragia.
3. Hipercortisolismo (Síndrome de Cushing) : debilidad muscular / deterioro muscular, obesidad
4. Feocromocitoma (tumor en médula suprarrenal): dolor de cabeza
hipocortisolismo (enfermedad de Addison) debilidad, anorexia, pigmentación de la piel, náuseas y vómitos.
5. Estrógenos reducidos (en la mujer): atrofia de la piel y mucosas, dolores de cabeza, mialgias, dispareunia, pérdida de peso, amenorrea.
6. Andrógenos reducidos (en el varón):impotencia.
7. Hiperinsulinemia (hipoglucemia recurrente): debilidad, parestesias.
8. Hipoinsulinemia (diabetes mellitus): poliuria, impotencia, pérdida de peso.
9. Hiperparatiroidismo (hipercalcemia): poliuria, cólico renal, malestar epigástrico, anorexia.
10. Hipoparatiroidismo (hipocalcemia) calambres musculares, parestesias, convulsiones.
11. Hipopituitarismo (hipofunción generalizada de la hipófisis) : pérdida de pigmentación, pérdida del vello corporal, pérdida de peso, amenorrea.
12. Hiperprolactinemia (prolactinoma) impotencia, amenorrea, galactorrea.

Una lista de los síntomas psicológicos con relevancia para la infertilidad incluiría:
Ansiedad, tensión, irritabilidad, hostilidad, nerviosismo, depresión, confusión, labilidad emocional, insomnio, inquietud psicomotora, hiperactividad, excitabilidad, fatiga, dificultad para concentrarse, pérdida de memoria, deterioro cognitivo, lentitud mental y verbal, letargo, indiferencia, apatía, paranoia, cambios de personalidad, síntomas de esquizofrenia, pérdida de la libido (especialmente en hipopituitarismo, acromegalia (GH elevada), y con andrógenos reducidos), disfunciones sexuales (especialmente en hiperprolactinemia)

Las hormonas están sin duda implicadas en la activación, inhibición o modulación de mecanismos centrales del sistema nervioso relacionados con patrones de conducta y emociones específicas:
1. Los neuropéptidos, incluidas las hormonas hipotalámicas, actúan directa o indirectamente en la regulación de las emociones negativas.
2. Las hormonas poseen receptores específicos en el sistema nervioso central, por los que influyen sobre la memoria, el aprendizaje, la conducta sexual, la conducta maternal, y la afectividad, entre otros.

La conducta sexual depende de la interacción funcional entre la estimulación psicológica y las hormonas sexuales como agentes activadores.
La influencia psicológica puede suprimir o sobreestimular la función neuroendocrina, o producir efectos contrarios a los propios bioquímicos. En el ser humano puede observarse un incremento de las hormonas LH, FSH y esteroides gonadales a continuación de la cópula. A pesar de tomar anticonceptivos con sus efectos decisivos sobre las funciones hormonales, algunas mujeres ovulan durante o a continuación del coito. Técnicas psicológicas o psicoterapéuticas pueden modificar la actividad endocrina, y hay amplia evidencia de que ellas reducen los niveles de catecolaminas y glucocorticoides sistémicos (cortisol) como ocurre con niveles elevados de estrés continuado.
Este efecto, dice Kiecolt-Glaser es recíproco entre el funcionamiento hormonal y la conducta o la experiencia sensorial.
El nivel de estrés percibido está relacionado con el grado de amenaza percibido. Las respuestas fisiológicas a diferentes tipos de estresores son parecidas, y básicamente tienen una función adaptativa. Las reacciones emocionales son integradas por el hipotálamo y el córtex prefrontal, que modula entre los sistemas nervioso autónomo y neuroendocrino.
El estrés activa los ejes hipotálamo-hipófiso-córticosuprarrenal y simpático-médulo-suprarrenal. Lo que generalmente se llama estrés y Selye identificaba como "síndrome general de adaptación (GAS)" se refiere a la activación fisiológica por un estímulo posiblemente amenazante, el cual sólo se convierte en estrés propiamente dicho y nocivo cuando es continuado. En este caso se produciría hiperplasia de la corteza suprarrenal, involución del timo y pueden aparecer úlceras de estómago.
Mason demostró que los factores psicológicos eran más potentes que cualquier estímulo físico para estimular la activación del eje hipófiso-suprarrenal. Del carácter común de las respuestas al estímulo amenazante no podemos concluir que el estrés es una respuesta genérica, ni tampoco identificarlo como respuesta específica, ya que se perfila según la amenaza percibida así que depende de muchos factores tanto internos como externos. El estrés puede provocarse tanto por sucesos positivos como negativos, lo cual se ha interpretado como el producto de una lucha interna por mantener el equilibrio. La elevación de factores hormonales normalmente relacionados con el estrés, como el cortisol, no es condición suficiente para que se produzca estrés nocivo, como demuestran los niveles elevados de glucocorticoides durante el coito y el ejercicio físico.
El estrés nocivo tampoco es siempre el resultado de un esfuerzo del organismo para restablecer o mantener la homeostasis, teoría cannoniana aún relevante, porque hay formas de estrés extremadamente nocivas que radican en un abandono de esta lucha por el equilibrio neuroendocrino, como en el caso de la indefensión aprendida.

Desde que Mason formuló sus 8 principios del estrés, en 1968, se acepta generalmente que lo que Selye llamó "activación" de los ejes neuroendocrinos, puede manifestarse como activación o como supresión. Uno de los indicadores generales del estrés se relaciona con el eje hipófiso-córticosuprarrenal. Los niveles de los 17-OHCS, hidroxicorticosteroides específicos por el carbono 17, y metabolitos de la hormona adrenocortical, son muy sensibles incluso a sutiles influencias psicológicas cotidianas y no necesariamente repentinas. Las reacciones primarias del eje HCS son moduladas por el sistema nervioso central, la amígdala y el córtex prefrontal. En caso de reacciones emocionales intensas, cuando esta modulación no existe o no es suficiente para contenerlas, las elevaciones de 17-OHCS son muy marcadas, con lo cual los niveles de 17-OHCS se consideran un índice sensible y objetivo del estado emocional del individuo.
Existen dos patrones diferentes de respuesta hormonal al estímulo estresante.
La respuesta monofásica consta de una subida seguida de una recuperación de niveles. Afecta a: 17-OHCS, adrenalina, noradrenalina, tiroxina, y hormona del crecimiento.
La respuesta bifásica consta de un descenso seguido por un ascenso, y posteriormente una recuperación. Afecta a andrógenos, estrógenos, e insulina. Hace ya 25 años se obtuvieron correlaciones significativas entre algunas variables psicológicas y tres factores, donde el factor de catecolaminas se correlaciona con medidas de aprensión psicológica, incertidumbre y miedo, el factor de cortisol - hormona del crecimiento se correlaciona con un bajo nivel de desempeño y elevada utilización de mecanismos de defensa pasivos, como la represión, y el factor de testosterona - ácidos grasos libres se correlaciona con el riesgo y la aventura.

El perfil bioquímico del estrés: la respuesta adrenocortical.
Para centrarnos un poco más en los mecanismos bioquímicos concretos y, sobre todo, para documentar la posibilidad de efectuar pruebas por análisis de saliva sencillos y rápidos, hagamos un breve recorrido del origen y de los cambios en las sustancias que según la investigación pueden considerarse marcadores del estrés, además de los 17-OHCS ya mencionados.

El cortisol.
Las sustancias más relacionadas con el estrés son corticosteroides y andrógenos, producidos en su mayoría en la corteza de las glándulas suprarrenales. Entre los primeros están los glucocorticoides como el cortisol y entre los segundos la DHEA. La secreción de cortisol es regulada por el eje HHC (en inglés HPA) a través de la ACTH que a su vez es regulada por la CRH hipotalámica. Los bucles de retroalimentación hacen que el cortisol suprima la producción de ACTH y de CRH, una supresión que también puede producirse por condiciones (psico)patológicas. Los niveles de cortisol varían según el ciclo circadiano, con un pico matinal. El cortisol ejerce efectos importantes sobre los metabolismos de proteínas, carbohidratos y lípidos, el mantenimiento de los músculos y tejidos, la integridad miocárdica y las respuestas antiinflamatorias. El cortisol influye en la conservación de glucosa, en la síntesis de proteínas, y en la regulación de ácidos grasos en los tejidos adiposos.

El estrés causa elevación de los niveles de cortisol, los cuales perduran mientras el estímulo estresante esté presente. Estresores crónicos, por tanto, causan niveles de cortisol persistentemente elevados. La respuesta del cortisol puede condicionarse y causar hipercortisolismo, con que los efectos del estrés perduran más allá de la presencia del estresor. La elevación continuada de cortisol puede atrofiar los receptores de corticosteroides en el hipocampo y así causar más estrés aunque con estresores menos importantes. Esta menor reactividad de un mecanismo importante de control retroactivo puede provocar hipertrofia en la corteza suprarrenal y así incrementar la secreción de cortisol, con lo cual constituye un mecanismo autogenerativo de cronicidad de estrés.
La depresión endógena causa hipercortisolismo el cual se manifiesta con niveles matinales y nocturnos significativamente elevados de cortisol en saliva. Existe una correlación significativa entre los ritmos circadianos de cortisol y las variaciones en el estado de ánimo diurno.
La relación entre el cortisol y el sistema inmune se comprobó por la influencia, entre otras, sobre los t-linfocitos, el IL-2 y el interferón.

El exceso de cortisol no sólo se debe al estrés, también se relaciona con otros factores muy diversas como son las dietas altas en proteínas y la obesidad. Niveles de cortisol elevados incrementan y prolongan la anorexia. El cortisol elevado causa una deficiencia de progesterona y estradiol, hormonas esenciales para la procreación. Por otro lado, una retroalimentación negativa impedida del cortisol puede causar un exceso de testosterona, progesterona y/o estrógenos, con lo cual forma un fundamento para trastornos de la menstruación.

Existen muchos otros efectos perjudiciales de niveles elevados sostenidos del cortisol, pero limito este resumen a los efectos relacionados con la infertilidad, que veremos a continuación de este apartado desde un enfoque algo más amplio.

No obstante, antes daremos un repaso igual de resumido al otro componente más destacado de la función córticosuprarrenal, que es la dehidroepiandrosterona (DHEA).
Este producto adrenocortical utiliza como precursor a la pregnenolona, sintetizada a su vez del colesterol. El 95% de la DHEA circulante es en forma de sulfato (DHEA-S) ya que se degrada en plasma en poco tiempo. La DHEA es materia prima para los estrógenos y andrógenos producidos en las glándulas adrenales, los ovarios y los testículos. Los niveles normales se reducen desde los 25 años y muestran diferencias interindividuales notables.

La DHEA en saliva se considera mejor indicador de la función suprarrenal que el DHEA-S que también es sintetizado de otros precursores además de la DHEA directamente. Por lo tanto la DHEA en saliva refleja la fracción libre biológicamente activa de la hormona en circulación, y tiene una correlación elevada con los niveles de DHEA libre plasmáticos.
La DHEA es un indicador biológico de estrés, envejecimiento, trastornos psíquicos como la depresión, trastornos psicosomáticos, úlceras gástricas, síndrome del intestino irritable, y otros. Como la DHEA reduce los niveles de cortisol, la normalidad de sus niveles puede indicar que la persona sabe manejar bien el estrés. La DHEA protege al timo de la involución por glucocorticoides elevados, y estimula la producción de interleucinas y de interferón. Los niveles de DHEA se relacionan con la diabetes, ya que si son bajos se asocian con resistencia a la insulina e hiperinsulinemia , especialmente en hombres. En mujeres, por otro lado, la resistencia a la insulina se correlaciona con niveles crónicamente elevados de DHEA-S, exceso de andrógenos y al síndrome de ovarios poliquísticos.
En el hipotiroidismo los niveles de DHEA son bajos. Como es un precursor de la estrona y del estradiol, puede afectar a la fisiología femenina significativamente. En mujeres con amenorrea por hiperprolactinemia los niveles de DHEA se muestran elevados, pero las amenorreicas con niveles normales de prolactina tienen la DHEA a niveles normales, lo que indica una correlación entre la secreción de prolactina y de DHEA.
Niveles bajos de DHEA son informados en el Síndrome de Cushing, Alzheimer, y el VIH.

El cociente DHEA / Cortisol.
La DHEA y el cortisol tienen muchos efectos opuestos, y por tanto la relación entre las dos hormonas es importante. Tanto en el estrés crónico como en la enfermedad grave, se observa un cambio relativo en el metabolismo de la pregnenolona adrenal, reduciéndose los mineralocorticoides y los andrógenos, e incrementándose los glucocorticoides. En pacientes crónicos se ha observado una reducción de hasta un 80% del cociente DHEA / cortisol, y resultados parecidos aportó un estudio que midió los efectos de terapias de control de estrés sobre estos factores.
Las condiciones psicopatológicas medianas o severas reducen la DHEA e incrementan el cortisol, por no adaptarse al estrés. Una relación DHEA / cortisol bajo se midió en ansiedad, depresión, quimioterapia y anorexia nerviosa, pero en el trastorno de pánico se encontraron cocientes incrementados . El estudio de la relación DHEA / cortisol en pacientes con problemas malignos ginecológicos mostró una reducción del 37% después de la intervención quirúrgica, incrementándose esta reducción con la subsecuente quimoterapia o radiación, aunque los signos vitales seguían normales, con lo cual se concluyó que el uso del cociente DHEA / cortisol como indicativo del estrés merece más investigación.

Numerosos estudios clínicos avalan el uso del análisis de saliva como método fiable y válido para medir niveles de hormonas libres y para diagnosticar una disfunción del eje HHC. Los niveles de cortisol en plasma pueden dar resultados equivocados por influencias diversas, como fármacos, embarazo, alteraciones congénitas o el estrés causado por la extracción de sangre. El análisis de saliva permite concretar la hora de toma de la muestra, lo que es importante para fijar las líneas base hormonales y hace posible que el sujeto mismo tome las muestras en las horas indicadas, en su casa. Está claro que el resultado de estas pruebas sencillas y rápidas no es sino un indicio de la posible existencia de un problema, y que éstas necesitan ser completadas y ampliadas por un profesional. El médico con mucha razón no querrá asumir funciones de psicólogo o psicoterapeuta, y necesita la cooperación de estos profesionales para conseguir que su paciente aprenda a controlar una causa importante de problemas de fertilidad, y que no se agrave el problema por una falta de tratamiento profesional.

Respuestas neuroendocrinas al estrés sexualmente diferenciadas.
En animales se vió que la respuesta del eje HHC en la hembra es hasta el doble que en el macho, y no depende del tipo de estresor. La respuesta de ACTH, principal hormona en la estimulación de la liberación de glucocorticoides suprarrenales, directamente implicada en el estrés, es también mayor y más prolongada en hembras, ya que poseen mayor número de neuronas CRH en el núcleo paraventricular del hipotálamo. En humanos también parece que la mujer es más reactiva en el eje HHC que el hombre, ya que los andrógenos limitan la respuesta del sistema HHC al estrés mientras los estrógenos la aumentan. Teniendo reacciones más fuertes y duraderas al estrés, la mujer es más vulnerable a ciertas enfermedades autoinmunes como el lupus, la esclerosis múltiple y la artritis reumatoide, que además se agravan con el estrés nocivo. Esto no debería ser así, ya que la mujer posee un sistema HHC más sensible que el hombre y por tanto debería estar más protegida de tales enfermedades. Una posible explicación es que los estrógenos puedan interaccionar con los glucocorticoides en la regulación de las respuestas inmunes a través de receptores celulares del sistema inmune.

El eje simpático-médulosuprarrenal SMS también muestra una diferenciación sexual. Al principio ya mencioné que Kiecolt-Glaser comprobó que el estrés psicosocial crónico resultante de una interacción conyugal negativa, produce mayores incrementos de catecolaminas en la mujer.
Tanto en la depresión como en la ansiedad, existe un claro dimorfismo sexual para la vulnerabilidad hacia estos trastornos, con una tasa de prevalencia en la mujer el doble que la del hombre. El agente causante más destacado de la depresión es el estrés psicosocial, o bien los sucesos vitales, entre los que la infertilidad sin duda juega un papel. Por lo tano, las diferencias producidas por las hormonas juegan un papel causal esencial en la depresión.

La influencia del estrés se manifiesta en primer lugar por la acción potenciadora de los estrógenos sobre el sistema serotoninérgico cerebral. Protegen así a la mujer de la depresión incrementando el riego sanguíneo cerebral, estimulan el transporte y el metabolismo de la glucosa y mejoran el rendimiento de las células nerviosas.

En segundo lugar está la interacción entre las hormonas sexuales y el eje HHC a causa del estrés. El exceso de glucocorticoides puede causar daños importantes al organismo, induciendo atrofia de las neuronas del hipocampo, ricas en receptores para los esteroides. Si no se normaliza la activación del eje HHC por el estrés, mediante el feedback negativo de los glucocorticoides, se puede producir depresión. Las mujeres poseen menor sensibilidad a este feedback negativo y por tanto tienen menor capacidad para frenar la activación HHC durante el estrés. Junto con la mayor actividad de células que sintetizan CRH, una mayor sensibilidad del eje HHC al estrés crónico y una menor inhibición central sobre el HHC de los estrógenos en comparación con los andrógenos, es una causa de la mayor incidencia de la depresión y de la ansiedad en la mujer. Otra causa es el patrón cíclico en la regulación de las hormonas sexuales, como los estrógenos y los prostágenos.

El estrés nocivo es fuente de depresión y de ansiedad, y puede así afectar a la fertilidad de la persona o de la pareja, pero puede tener influencias más directas como una reducción crítica de la GnRH, que no necesita manifestarse en psicopatología. El estrés reduce los niveles de la alopregnanolona, metabolito de la progesterona, y se relaciona con el trastorno disfórico premenstrual (TDPM), variante más grave del síndrome premenstrual (SPM), con síntomas como la depresión clínica, la ansiedad y la irritabilidad, todos ellos con efectos sobre la fertilidad de hecho.

Los tres ejes mencionados, el HHC, HHT, y HHG, al activarse cambian los niveles de las hormonas antes enumeradas. Sin embargo, el hecho de que los problemas de fertilidad en la pareja suelan afectar al estado anímico, involucra otros sistemas neuroendocrinos que afectan directamente a las hormonas sexuales, la prolactina, la melatonina o al metabolismo de la glucosa

En resumen, los cambios significativos y comprobados en los tres ejes psiconeuroendocrinos, a causa del estrés nocivo, son los siguientes:
1. En el eje HHC se produce hipersecreción de cortisol, por elevación de la ACTH. Esta alteración se normaliza al desaparecer la depresión. No sólo cambian los niveles, también se perturba el ritmo circadiano del cortisol. Con el test de supresión con dexametasona se puede comprobar que el hipercortisolismo se origina porque el feedback negativo de glucocorticoides no produce la reacción adecuada del eje cerebro-hipófisis-ACTH, y que se debe a una hiperactividad de la hormona CRH.
2. En el eje HHT se observa claramente la relación entre el estado anímico y el hipotiroidismo subclínico. La tirotropina TSH responde menos a su hormona liberadora TRH en la depresión endógena, pero el desánimo no sólo puede reducir la respuesta sino también aumentarla o demorarla.
Ya que el cortisol frena la liberación de la hormona tiroidea y los estrógenos la facilitan, la administración de TRH conjuntamente con un antidepresivo hace que el último sea más eficaz además de mejorar la conducta instintiva hacia la comida, el sexo y las aficiones.
3. El eje HHG regula la liberación de la hormona del crecimiento GH, a través de la GHRH como activadora y la somatostatina como inhibidora que a su vez son controladas por los neurotransmisores clásicos que son la noradrenalina, la dopamina, la acetilcolina y la serotonina. La GH se libera en función de diversos factores, como el ejercicio físico, la fase del sueño de ondas lentas, la hipoglucemia, o sustancias como la L-dopa, el 5- hidroxitriptófano, la ACTH, la apomorfina o la clonidina. Todos sus niveles se ven reducidos por la depresión endógena.

Este breve resumen indica nuevamente que, aunque no sólo el cortisol puede producir cambios importantes en los niveles hormonales que afectan la fertilidad, sigue siendo una de las sustancias que más debe despertar el interés del profesional de temas de infertilidad. El exceso de glucocorticoides puede producir una pérdida o atrofia de los receptores para el cortisol en el hipocampo. Esta alteración en la mayoría de los casos es reversible, mediante procedimientos terapéuticos del estrés y o de la depresión, gracias a la plasticidad neuronal.
Curiosamente, aunque la depresión influya en el comportamiento sexual y por tanto sea un componente de la infertilidad de hecho, hasta la reciente investigación de Girdler no se ha podido comprobar que los depresivos tengan una alteración de los esteroides sexuales. Como vimos antes, los estrógenos incrementan la actividad serotoninérgica de igual forma que los andrógenos, mediante el incremento de la degradación de la monoaminooxidasa con que aumentan la disponibilidad cerebral de serotonina y catecolaminas. Además, estimulan la respuesta de la GH y la TSH. Ambas hormonas tienen así una importante función antidepresógena. Sin embargo, el estrés reduce la disponibilidad de hormonas sexuales, pero a través de la acción de la CRH y del cortisol. Estas pueden inhibir directamente la síntesis de hormonas gonadales o de sus metabolitos, o inhibir predecesores, como la GnRH, las LH y FSH, a niveles superiores del eje HHG.

El cortisol no sólo afecta a la fertilidad por la vía arriba descrita, sino también a través del propio sistema inmune, con efectos supresores ampliamente contrastados en los trabajos de los Glaser, así como de Baum, Rabin, Felten, Maida y otros. El estrés no sólo tiene efectos supresores sino también efectos potenciadores, favoreciendo las defensas del organismo para enfermedades autoinmunes como el asma, la alergia, la psoriasis y la artritis reumatoide.
Sin embargo, el hipercortisolismo puede contribuir a que se desarrollen enfermedades autoinmunes, e incrementa el riesgo de padecer una enfermedad infecciosa. El estrés aumenta los niveles de endorfinas, encefalinas y dinorfinas y diversas investigaciones demuestran la reducción de anticuerpos a causa de un incremento en la endorfina beta.
La misma función inmune puede afectar notablemente al funcionamiento psicológico, nervioso y neuroendocrino, además de que éstos pueden afectar a aquella a través de las citocinas secretadas por los linfocitos y la liberación de neuropéptidos. Las citocinas incrementan la CRH y con ello, la ACTH y los glucocorticoides. Las citocinas influyen en los niveles de neuropéptidos como la vasopresina y la melanotropina alfa y cómo su acción principalmente proinflamatoria se ve convertida en un resultado antiinflamatorio. Recientemente se ha establecido que las citocinas influyen en el estado de ánimo, la ansiedad y la memoria.

Signos psicosomáticos e infertilidad.
Generalmente el malestar psicológico o las consecuencias de no poder asimilar adecuadamente los acontecimientos negativos o posiblemente amenazantes que se presentan al individuo se traduce en signos de dolores inespecíficos o irritaciones cutáneas inespecíficas. Si estos signos se manifiestan en los órganos sexuales o en las zonas erógenas, pueden frenar o suprimir el deseo sexual o bien hacer que el acto sexual no sea agradable. El embarazo imaginario o pseudociesis es uno de los pocos ejemplos claros de somatización directamente relacionada con la procreación.
Sin embargo, hay varias manifestaciones físicas más que pueden considerarse signos del malestar psicológico, en ausencia de una base orgánica y sobre los que el profesional especializado en temas de infertilidad debe estar atento.

Signos psicosomáticos relacionados con la infertilidad.
" Peso inadecuado - tanto sobrepeso como infrapeso.
" Reacciones alérgicas, incluidos dolor, dispareunia, prurito, llagas o erupciones, nauseas, vómitos, colapso cardiovascular, hinchazón.
" Reacciones motoras, incluidos temblores, calambres, extrema fatigabilidad o descontrol muscular.
" Dolor en zonas no genitales, como cefalea, migraña, mialgia.
" Prurito en zonas no genitales, incluidos parestesias.
" Otros signos, como poliuria, menorragia, cólico renal, malestar epigástrico, palpitaciones o arritmias cardíacas, problemas respiratorios

Discusión. La relación DHEA/cortisol como medida preventiva.

Esta revisión se orienta sobre el estrés sufrido anterior al momento en que uno se da cuenta de que hay problemas con la fertilidad.
El estrés produce cambios endocrinos diversos y significativos, que a su vez pueden afectar a la fertilidad de la persona o de la pareja. Son especialmente relevantes para la fertilidad, los cambios producidos en los niveles de sustancias suprarrenales y en sustancias gonadotropas que pueden provocar tanto una merma parcial o total de la producción de hormonas esenciales para la ovulación o la concepción, como unos desfases hormonales que pueden causar abortos tempranos recurrentes u otras causas de infertilidad efectiva.

La única forma para evitar estos efectos negativos del estrés nocivo es la prevención, y para ella es preciso un examen regular de los niveles de estrés de aquellas personas que en un futuro más o menos próximo quieran tener hijos. Estos tests se podrían hacer de forma sencilla, barata y rápida, por ejemplo con tests de los niveles en saliva de sustancias relacionadas con el estrés como la DHEA y el cortisol. Esta prueba podría hacerse al mismo tiempo que se efectúe el control ginecológico habitual.

La información así obtenida sirve para establecer un baremo de niveles normales hormonales para la persona en cuestión, y facilita una prealerta en caso de desequilibrios repentinos. Es un ejemplo de una necesaria y bien delimitada cooperación entre el médico y el psicólogo, porque las pruebas rutinarias son competencia del ginecólogo que, en los casos indicados, debe remitir al (neuro)psicólogo.
Sólo así será posible una eficaz prevención de al menos la parte de los problemas de infertilidad con componente psicológico o psicosomático.
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Bibliografía - (una versión completa en www.danielmcampagne.com):
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Abreviaturas:
ACTH - hormona corticotropa
CRH - hormona liberadora de corticotropina
DHEA - dehidroepiandrosterona
DHEA-S- sulfato de dehidroepiandrosterona
DSM - Diagnostic and Statistical Manual of Mental Disorders
FIV - fecundación in vitro
FSH - hormona folículotropa
GH - hormona del crecimiento
GHRH - hormona liberadora de GH
GnRH - hormona liberadora de gonadotropina
HCG - gonadotropina coriónica humana
HHC - hipotálamo-hipófiso-córticosuprrarenal
HHG - hipotálamo-hipófiso-hormona del crecimiento
HHT - hipotálamo-hipófiso-tiroideo
ICSI - inyección intracitoplásmica de espermatozoides
IIU - inseminación intrauterina
IL-2 - interleucina 2
ISRS - inhibidores selectivos de la recaptación de la serotonina
LH - hormona lúteotropa
TRA - técnicas de reproducción
TRH - hormona liberadora de tirotropina
TSH - hormona tirotropa, tirotropina
VIH - virus de inmunodeficiencia humana